Danza africana tras el biombo translúcido.

Danza

Paso atrás. Vuelta.

Danzaba.

La observaba tras el biombo translúcido. Estaba desnuda, lo sentía. Lo intuía.

Bum.

El ruido sordo movía sus piés y sus brazos. Su melena se agitaba suavemente, trazando ondas de luz y marcando un lento retroceso al propio agitar de sus caderas. Sedante, dulce, tribal.

Tantas sensaciones inacabadas. Una infancia terrible, un suspiro de alivio al huir de casa. Mendigar en la calle, buscar un refugio del viento bajo un puente. Me desplazaba por los momentos más duros de mi vida, perdonando en todos y en cada uno de ellos al chaval impetuoso e inocente el daño que me había hecho.

Heroína, cocaína, éxtasis y jaco. Cristal a veces, sedado. Muerto en vida, renaciendo y alzándome más fuerte que antes. Recordaba como en el hospital recompusieron mi cuerpo, reemplazaron mi corazón y mi hígado. Y ella bailaba entonces.

¿Cómo la conocí?

Creo que fue detrás del biombo. Sus ojos. Una sonrisa sincera. La primera que recibía en años. Una figura que a mí se me antojaba celestial, a un creyente que odiaba a Buda.

Hicimos el amor aquella noche. A mí me faltaban 3 dientes, estaba demacrado, pálido y pesaba 59 kilos. Ella era una dama sutil y liviana, hermosa por fuera y cálida por dentro. Me mostró que todo era posible. Que mi nombre no era Lázaro, sino Abel. Me susurró palabras tiernas y llenas de consuelo. Lloré mucho.

Creo que era la primera vez que lloraba en toda mi vida. Me sentó bien.

Bum.

El ritmo aumentaba. La luz se hacía cada vez más intensa. Su cuerpo rugía, se abalanzaba sobre mí como león hambriento.

Puenting, senderismo, parapente, marihuana medicinal. Estaba completo. Gritaba. Adrenalina y júbilo. Y ella gritaba a mi lado. Lágrimas de felicidad. Si quiero. Claro que quiero, joder. Como no voy a querer, si desde el primer día en que te ví supe que jamás volvería a sentirme de otra manera. Lo necesitaba, joder, lo necesitaba…

Se llama Grace. Ahora tiene 4 años y observa a mamá bailar desnuda tras el biombo translúcido. Sus ojos. Esos ojos… la miran, embobada. La boca abierta de par en par.

Sonrío, pasando de pasado a presente como el adios a una mañana fresca de verano.

Bum.

Se acabó.

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