Desde abajo.

desde-abajo

Es muy jodido que, tras tres meses de parón ininterrumpido, te entre la inspiración a las 04:34 de la mañana de un sábado, víspera de un domingo en el que te vas a pasar literalmente 10 horas trabajando.

Pero yo no decido estas cosas, de la misma manera que no decidí dejar de escribir para centrarme en no hacer nada productivo.

Llevo buscando la cámara de fotos para ponerle a esta entrada su imagen de rigor, pero no ha habido manera de encontrarla. He buscado por toda la casa, excepto en el cuarto donde duermen mis padres que, habiendo venido este fin de semana de visita a Madrid, se piensan que duermo plácidamente en la habitación de al lado sin darle vueltas a problemas personales que tienen escasa solución. Probablemente esté ahí, así que voy a sacar una con mi móvil del neolítico y que sea lo que Buda quiera.

Escribo esto para descansar por fin. Para dejar esto en punto y final. Se acabó el tocarse los cojones a dos manos con el blog.

Al lío otra vez. Perdonad la espera, pero tenía mis razones.

Razones de mierda, eso sí.

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