Concepto Nº1: Agua.

agua

Brillaba en el lago una luz extraña.

Era la única luz en el lugar, pues las estrellas y la luna estaban ausentes, tapadas por un centenar de nubes que tapizaban el cielo. Aquello parecía una de tantas pesadillas que los niños tienen cuando sus madres les apagan la luz. Pero yo, a pesar de ser un niño, no tenía miedo. Y no sabía por qué.

Metí los pies en el lago sin desvestirme y sin quitarme los zapatos. El agua estaba fría como un estanque en invierno cuya superficie se ha agrietado, pero mi mente rechazó aquella incómoda alarma cerebral, igual que había rechazado todas las anteriores desde que me había adentrado tiempo atrás en aquél bosque oscuro. Recordaba vagamente los espectros que me habían acosado por el camino. Seres sin rostro, tapados por mantas tenebrosas, mas oscuras que la misma noche. Sus lamentos me ponían los pelos de punta. Aún los escuchaba desde la linde del bosque, reclamando mi presencia. Recordaba también a la dama gris que había cruzado por mi lado, goteando sangre y suplicando que le ayudase a salir de allí. Lloraba y maldecía y me culpaba de sus penas.

Todos ellos fueron ignorados, supe que en aquella ocasión no me harían daño.

Empecé a nadar, sin notar que el frío entumecía cada músculo de mi cuerpo. Necesitaba alcanzar esa luz, saber que era lo que tenía que mostrarme.

Llegué a la pequeña isla donde encontré en el suelo a un niño de pelo y ojos negros, desnudo y con la piel más pálida que jamás había visto. Sostenía un pájaro muerto. A su lado, una estrella rajada y herrumbrosa proyectaba en la oscuridad un tenue brillo. El brillo que me había llevado hasta allí.

– ¿Eres tú al que ella llamaba? – preguntó el chico. Su voz era ronca y apagada. Al mirarme, me fijé en que sus ojos no tenían ni pizca de blanco. De ellos brotaban lágrimas.

– Sí, soy yo. ¿Que le ha pasado? – respondí con un hilo de voz.

– La maté – repuso él con satisfacción – La maté y jamás volverá.

– ¿Por qué lo hiciste?

– Odiaba sus ganas de vivir. Incluso en este remoto lugar, donde todos perdemos la esperanza, ella aspiraba a más. Por eso vivió. Y por eso la maté.

– Entonces… ¿Yo estoy muerto?

– Sí. Te ahogaste en este lago hace ya muchos años. Pero ella quería un amigo. Era su último deseo. Me lo pidió antes de morir. Te atrajo aquí.

Miré a la estrella. Su parpadeo era ya casi imperceptible.

– ¿Y ahora? ¿Que he de hacer?

– Siéntate conmigo. – El chico se apartó un poco, haciendo hueco en el tocón sobre el que se sentaba – Siempre he querido tener un amigo.

No recuerdo lo que sucedió a continuación. Pero cuando desperté, poco después, a mi hermano le había salido barba. Y lloraba. Quería abrazarle, pero mi cuerpo no me respondía.

No me he atrevido aún a preguntarle si esas lágrimas eran de alegría o de tristeza.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s